Y así nos hicimos marineros…

De San Blás hasta Cartagena

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Había llegado la hora de despedirnos de Panamá y, además de eso, sabíamos que íbamos a tener que separarnos de Amália Frida de nuevo.  La impenetrabilidad del Tapón de Darién en conjunto con la presencia de las FARC y otros grupos guerrilleros en esta selva pantanosa hacen que no exista ninguna carretera que una el país istmeño con Colombia.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Entonces, conseguimos un compañero para Amália y, después de todas las formalidades, la embarcamos nostálgicamente en un contenedor para Cartagena de Indias.

Ahora faltábamos nosotros.  La opción más común es sin dudar ir de avión, pero escuchamos hablar de unos veleros que salían de Panamá en dirección a Colombia y no pudimos resistir a la aventura.

No podíamos haber tomado mejor opción.

OLYMPUS DIGITAL CAMERASolo la experiencia de navegar durante 5 días es desde luego algo trascendental, pero si a eso le agregamos el placer de visitar el archipiélago de San Blás, tierra del imperio Kuna, se vuelve todo aún más especial.

El gobierno de Panamá permite al pueblo Kuna dirigir esta tierra de manera independiente y, a pesar de que sus pocos bienes materiales se resumen prácticamente a cocos y arena blanca, los Kunas se mantienen arraigados a su tradición y no permiten la intrusión de extraño en sus tierras.  Siendo así, este pequeño paraíso se encuentra totalmente virgen.  No hay ningún hotel en ninguna de las islas y las únicas construcciones se resumen a algunas cabañas de madera y palmera.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Navegar por esta parte del mar caribeño, nos hace retroceder en el tiempo.  La sonrisa tímida de las mujeres y los niños, o de los pescadores que en sus pequeñas canoas se acercan a nuestro barco a ofrecer pescado o cocos, casi nos permiten vislumbrar una imagen muy parecida a lo que habrían vivido los marineros de la Pinta o la Santa María, 5 siglos atrás.

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No tener que compartir el barco con demasiada gente es algo que depende del capitán del navío y de la suerte.  Nosotros tuvimos la suerte de viajar en el velero más grande de la región y, mismo así, solamente llevar 13 pasajeros que aún por encima de todo se revelaron sujetos extraordinarios.  Desde África del Sur a Canadá, de Australia hasta Suiza, de Ecuador a los Estados Unidos y, claro, sin olvidarnos la representación Luso-Azteca y de la tripulación Esloveno y Colombiana, se juntaron en esta pequeña cáscara de nuez una pequeña representación de Babel, por lo que motivos de conversa y curiosidad no faltaron.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAUn rallador de queso y el crepitar de una fogata a la luz de la luna, sirvieron de percusión dando lugar a un vallenato improvisado.

De repente parecía que nos conocíamos de toda la vida.  Ron local, unas cervezas bien frías y un vino tinto sobre un cielo inmensamente estrellado pueden llevar a este tipo de cosas.

Destino final de los marineros: Cartagena de Indias – nuestra puerta para toda América del Sur y para todo lo que aún deberíamos de recorrer, pero eso serán otras tantas historias…

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