Canal de Panamá

Estar en Panamá y no visitar el Canal es como ir a Roma y no ver el Papa.  Ahora que pienso en eso, cuando fui a Roma no vi el Papa… bueno, no importa, aquí no cometí el mismo error.

Esta obra, de una magnitud colosal, a pesar de no contener algún rasgo artístico o finalidad esotérica que no sea objetivos puramente comerciales es, tal vez, la prueba más concreta de la capacidad del Hombre contra los designios de la Naturaleza.

Navío atravesando el Canal – Esclusa de Miraflores

Estaba escrito que el Pacífico y el Atlántico se cruzarían solamente al Norte y al Sur del Continente Americano, pero por alguna razón, en un punto central de los dos Continentes los mismos dos Océanos quedaron separados solamente por 80km de tierra.

En el inicio del siglo XVI, los indígenas mostraron a Balboa, un conquistador de la Corona Española, el mar que estaba para mas allá de la Cordillera Central.  Le llamaron Mar del Sur y el Español sería en ese momento el primer Europeo en vislumbrar el Océano Pacífico (que solamente sería bautizado así algunos años más tarde por Magallanes, cuando este doblara la punta más austral de las Américas).

El sueño del Canal de Panamá pudo haber comenzado exactamente en ese momento.

Pasarían, sin embargo, más de 4 siglos hasta que se diera la primera tentativa de romper lo que la Naturaleza había decidido unir para siempre.

El Istmo Panameño fue desde ese momento uno de los puntos más importante de travesía comercial y personal del planeta.  Por aquí pasó más de 60% del oro que los españoles llevaron desde Perú hasta el Viejo Mundo y fue de nuevo uno de los puntos más importantes de paso de personas desde el lado Este hasta el lado Oeste de los Estados Unidos cuando la fiebre de oro comenzó.  Y, esto cuando no había ni siquiera un plano para comenzar a construir esta grande “carretera” de barcos.

Al final del siglo XIX, el ingeniero Ferdinand de Lesseps, trayendo en su currículum la construcción del Canal de Suez, dirige a los franceses, dando inicio al ambicioso proyecto de excavación del Canal Interoceánico.

Esperaban, sin embargo, que la Naturaleza fuera magnánima y, no que se opusiera de manera tan contundente a esta intrusión.  Los suelos pantanosos, la falta de tecnología, los problemas financieros y, sobre todo, las enfermedades tropicales, destacándose la malaria y la fiebre amarilla, mataron más de 20,000 hombres durante los cuales 8 años en que los franceses tardaron en convencerse a darse por vencidos y desistir de esta cruzada.

El Canal Interoceánico Francés, quedaría así como parte intrínseca de la historia, pero nunca sería completado.

Al inicio del siglo XX traía novedades.  Estudios más profundos, tecnología más avanzadas y, sobre todo, por paradojalmente que parezca, avances en los campos de la medicina, permitieron que un nuevo emprendimiento se iniciara.

Panamá acababa de declararse independiente de Colombia, siendo el día 3 de Noviembre de 1903 y, por eso, en estos días se celebran las fiestas de la Independencia.

Los Estados Unidos serían uno de los primeros países en reconocer este nuevo Estado Soberano de Panamá e, incluso, patrocinaron esta acción separatista frente a Colombia, habiendo recibido como premio la firma de un tratado que le concedía el derecho de construir el Canal y explotarlo perpetuamente.

El descubrimiento de que la fiebre amarilla se transmitía a través de los piquetes de insectos, permitió una campaña intensa de distribución de redes mosquiteras, destrucción de puntos de aguas estancadas (posibles focos de proliferación de mosquitos), así como la mezcla de aceite en las aguas para eliminar esta proliferación de larvas, con lo que hicieron que la causa más mortal durante la experiencia francesa fuera prácticamente eliminada.

Esta vez, con máquinas mucho más poderosas que las usadas casi dos décadas antes, con el uso de explosivos y dos caminos de fierro, los Americanos avanzaron de manera potente sobre la Naturaleza, pretiriendo un Canal al nivel del mar y prefiriendo una opción con esclusas y un nuevo trazo.

Una de las comportas de la Esclusa de Miraflores

Cada esclusa mide 33.5m de ancho, por 304.8m de largo y son necesarios 100 millones de litros de agua para llenar cada una.  A pesar de eso, son permitidos barcos con un ancho de hasta 32.3m y 294m de largo, lo que significa que una nave llevando algo como 4400 contenedores es conducida por plataformas acuáticas de algunos kilómetros de largo con una separación de las paredes de la esclusa que no pasa los 60cm de cada lado.

Aún hoy, las compuertas montadas en las esclusas del Canal son las originales montadas hace casi un siglo y, a pesar de los avances tecnológicos y de las remodelaciones que permiten al sistema ser más eficaz y moderno, el mecanismo original se mantiene en su esencia, el mismo desde el inicio de la operación.

Como deben entender, a pesar de esa pregunta, por lo visto, ser muy escuchada por los guías del Canal, ambos Océanos Pacífico y Océano Atlántico están a la misma altura y no hay uno que sea más “alto” que el otro.  La necesidad de usar esclusas que suben y bajan estos barcos se deben al hecho de haber una cordillera central que divide Panamá y que es travesada por el Canal.  Así, el Lago Gatún, uno de los más grandes lagos artificiales del mundo, se sitúa a 26km sobre el nivel medio de las aguas del mar y, por eso, las esclusas sirven para bajar y subir las embarcaciones desde y hasta este nivel.

En poco más de 10 años, el Canal surgía imponente a los ojos del Mundo y, en Enero de 1914, los deseos de Felipe II de España que ordenó en 1556, sobre pena de muerte, que lo que “Dios unió el Hombre no lo separará” fueron contrariados.

Se inauguraba, entonces, el “pequeño atajo” que sería un símbolo de unión entre dos mundos, pero que al mismo tiempo significaba la separación de un país.

Se unía el Atlántico al Pacífico, pero, en simultáneo, Panamá pasaría a ser atravesado en toda su longitud por territorio Americano.

Por lo que, esta maravilla de Ingeniería, contiene en su historia más que un imponente desafío que ganó a la Naturaleza, un rasco marcante en la historia de un país y de un pueblo que a costa de mucho esfuerzo e irreverencia reconquistó su soberanía y el derecho de llamar suyo lo que por casi un siglo le había sido negado.

Esclusa de Miraflores

Con el tiempo, los Panameños no se conformaron con el hecho de que a lo largo de todo el país, e incluso en su capital, encontraran una frontera atravesando su territorio y, a través de negociaciones políticas, las plegarias del pueblo fueron escuchadas y, en los años 70 se firmaron los acuerdos Torrijos-Carter que definirían la salida del último militar Americano del Canal, a las doce horas del último día de 1999.  Panamá regresaría en ese día a ser un todo y el territorio del Canal formaría parte del país por la primera vez.

El Canal sufre hoy en día importantes obras de ampliación que duplicarán su capacidad y se prevé estar concluidas a tiempo de su Centésimo Aniversario.

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