En Golfito, despidiéndonos de Costa Rica

Golfito y despedida de Costa Rica

La primera vez que visitamos Guatemala, sentimos alguna sorpresa al verificar una determinada obstinación de gente local en asumirse como América Central.  Para que entiendan, sería como el equivalente a escuchar un portugués responder que es Ibérico cuando hable de su país.  Eso es representado de una manera muy gráfica en las placas de los carros donde además de aparecer el nombre del país, se puede leer también “Centro América”.

Después, venimos a descubrir que inclusive hay un acuerdo entre Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua.  Que, a pesar de demasiado confuso,- pues, por ejemplo, a nivel de servicios de migración y fronteras cada país lo interpreta de manera diferente-, acaba por crear un pequeño sentido de unión política entre estos países.

Pero, no sería necesario un acuerdo de estos para identificar las semejanzas entre estos pueblos.  Si nos preguntaran exactamente a que nos referimos, no conseguimos explicar.  Es sobre todo un sentimiento, un aura.  Una sensación de empatía que nos acompaña desde México, prácticamente desde que entramos en Chiapas y nos siguió hasta Ometepe (último destino en Nicaragua).

Este pueblo, esencialmente descendiente de los Mayas, es de una humildad sin igual y trae en sí una simplicidad que fácilmente se resuelve en una timidez prácticamente  impenetrable.  A pesar de siempre disponibles y con una sonrisa, es difícil ir más allá de eso.  La vergüenza supera casi siempre las ganas evidentes de comunicar.  Y es necesario luchar mucho para darse a conocer y así poder ganar la confianza de las personas.

Sobre todo en Guatemala, pero también en todos los países restantes, muchos son los que hablan en dialectos antiguos entre sí, y de esos, bastante son los que prácticamente no hablan ni siquiera español.  Además de eso, las mujeres indígenas no visten otra cosa más que sus ropas tradicionales, lo cual no se aplica a los hombres.

Después de esta experiencia casi mística de atravesar estos países y en algunos momentos regresar en el tiempo, llegamos a Costa Rica, donde casi podemos decir que por la primera vez la frontera política define al mismo tiempo un muro cultural.

Debo confesar que este choque cultural tan repentino no fue fácil de entender e incluso ahora, que prácticamente estamos a las puertas de Panamá, aún son muchas las preguntas que llevamos con nosotros sobre la verdadera identidad de este pueblo.

Por increíble que parezca y, al contrario de lo que esperábamos, el nivel de infraestructuras en autovías es el peor de todos los países que pasamos.  Pues, si los destinos principales están comunicados por carreteras asfaltadas, son un sin número los accesos de terracería que continúan a subsistir.  Este hecho, sin embargo, ha preservado esos lugares, que por su poca accesibilidad se ha mantenido fuera de las rutas turísticas, pero que serán ciertamente descaracterizados con la llegada de la “civilización”, al igual que ya pasó con tantos otros lugares en el país que se “agringaron”.

Sin embargo, la humildad referida anteriormente para los países restantes Centro Americanos que visitamos, no es una característica que se pueda apuntar a los Costarricenses.  Y, por lo tanto, aquí no tuvimos ningún problema de timidez impenetrable.  Incluso las personas en los lugares más recónditos son extremadamente abiertas y ávidas por una larga conversación y, sobre todo, por contar una buena historia.

Y no podíamos dejar de mencionar el Sr. Juan Carlos, que nos apoyó poniendo a nuestra disposición sus técnicos de INFESA para resolver el problema que teníamos en nuestro panel solar, e incluso nos regaló un líquido maravilloso para la picada de mosquitos.

“Pura Vida” dicen los Ticos y fue así que nos recibieron.  Por las calles, en el interior o en el litoral, en las grandes ciudades o en playas casi desiertas, había siempre alguien que se acercaba para preguntarnos de dónde veníamos y para donde íbamos.  Para darnos su sugerencia sobre el mejor camino o sobre aquel lugar imperdible de su país, incluso sin que les hubiéramos preguntado nada.  Muchos queriendo tomar una foto a Amália Frida, que vanidosa como es, posó sonriente para los innúmeros daguerrotipos que le fueron tomando.

Y, esto fue, sin duda un respirar de aire fresco.  Ya no era necesario batallar para comunicar.  Una indicación sobre cualquier lugar era dada con una simplicidad increíble e, imagínense, muchas veces incluso trazada en un mapa.

Ya no éramos nosotros que teníamos que buscar las personas para conseguir informaciones, pero sí las personas que venían a nosotros para conocernos y conocer nuestro proyecto.  Hasta en medio del tráfico, otros automovilistas nos pitaban o nos silbaban, elogiando a Amália, o simplemente deseando buena suerte.  Llegamos a pasar algunas veces los datos del blog en el medio de las calles de San José (o Chepe, como le llamas cariñosamente sus habitantes).

El mayor productor de microchips del mundo nos recibía así de esta forma tan refrescante, pero al mismo tiempo, factor de reflexión.  Este país Centro Americano, ciertamente enraizado en una genética semejante a sus vecinos del norte, denota en este momento un desprendimiento cultural hacia los mismos.  Al mismo tiempo que afirman ser el país más feliz del mundo, se transforman, tal vez sin dar por hecho, en una amalgama de injertos sin identidad propia.  Al color y al misticismo Centro Americanos, que ganan aún más vida en su bandera, son realmente una fotografía gris de esta tradición mística.

El crecimiento muchas veces implica sacrificios y, en este caso, creo que la necesidad de sentirse parte de algo más, diferenciarse de sus vecinos, fue más fuerte y desvaneció el país de sus características intrínsecas y lo convirtió en un pretendiente a pequeño enclave Estadounidense.

No podíamos dejar esta pequeña reseña sobre Costa Rica sin tocar un tema que mucho nos incomodó (que nos disculpen por el juicio de valor, pero fue lo que sentimos).  Ser Tico es un orgullo y eso no me parece nada mal, excepto cuando ultrapasa ciertos límites y se vuelve casi una especie de nacionalismo tonto.  Para el caso, una característica muy marcada de este pueblo es una cierta arrogancia, pero que en relación a los Nicaragüenses se manifiesta en un complejo de superioridad casi intolerable, despreciándolos y considerándolos personas de 2ª.  También conocemos muchos Nicaragüenses en Costa Rica y es notorio el resentimiento que tienen en relación a sus anfitriones, derivado de esta manera como son tratados.  Conversamos con algunos costarricenses sobre este asunto y muchos presentan sus razones, casi siempre similares y relacionadas con crimen y mano de obra más barata, pero esas explicaciones no son, en nuestro entender, suficientes para disculpar semejante actitud de desprecio constante y generalizado como este.

Ya en relación a la diversidad Natural del país, ésta se encuentra conservada de manera impecable, a través de incontables parques y reservas naturales extensas.  Muchos casi inaccesibles tanto por los accesos muy complicados, como por las credenciales necesarias para obtener autorización para su visita y, los restantes, muy cuidados y con reglas también muy bien definidas.

Además, es también impresionante la consciencia colectiva del país en relación al tema ambiental y, sobre todo, la exploración intensiva de recursos y es, por eso mismo, que los mejores guardas de este Patrimonio Natural son los propios habitantes que lo defienden de esta manera intransigente.   Aquí cabe hacer un paréntesis y mencionar que Costa Rica no cuenta en absoluto con ejército desde 1948, hecho que también nos impresionó y nos hizo reflexionar, y sobre todo en este tiempo de crisis.

Después de nuestra experiencia en la Costa del Pacífico y de nuestra visita a la capital, de las cuales ya les comentamos en artículos anteriores, nuestra última semana en Costa Rica, la pasamos prácticamente a las puertas de Panamá.  A 50 km de distancia de la frontera en un pequeño pueblito llamado Golfito.

Durante nuestra estadía en Chepe, aprovechamos para llevar a Amália Frida a ser revisada por un doctor (más conocidos normalmente como mecánicos).  El Sr. Francisco, recomendado por el Club de Combis de Costa Rica, la trató como una Princesa, y le dio una vuelta y la dejó respirar un poco mejor.  Amablemente, no nos cobró nada por la consulta y, simplemente nos deseó un muy buen viaje.  (Muchas Gracias, Sr. Francisco por su ayuda!!)

En este momento, conocimos al Sr. Dieter que también es dueño de una combi, además de originario del país que las inventó.  Intercambiamos historias y, supimos que habíamos encontrado un viajante, por lo visto con mucha más experiencia que la de nosotros.  Antes de haber radicado en Costa Rica, este alemán, que acumulaba ya algunas juventudes, vivió entre muchos otros lugares, en Libéria y en Egipto, viajó desde Costa Rica hasta México en moto y regresó.  Y, tal vez por todo eso, se identificó con nuestro proyecto y nos invitó para quedarnos en su casa que tenía en Golfito.

Habíamos acabado de llegar a San José, le dijimos que de hecho teníamos intención de pasar  por ahí, por lo que le agradecíamos muchísimo la invitación y que lo aceptaríamos con todo gusto.

En ese momento, definimos la fecha.  El miércoles siguiente seguiríamos rumbo a su casa a 350km de la capital.  El Sr. Dieter insistió en acompañarnos hasta su casa, simplemente para abrirnos las puertas y ponerla a nuestra disposición los días que quisiéramos.  Y, qué lujo de casa!. Una verdadera mansión colonial basada en la arquitectura local, pero también inspirada por influencia africana.  Imagínense que hasta a jacuzzi tuvimos derecho.

Oportunidad ideal para retomar fuerzas antes de continuar el camino.  Momento para limpieza general de Frida y de todas nuestras cosas, así como la reorganización de toda la “casa”.

Estuvimos casi una semana sintiéndonos como en casa.  Ver unas películas, escuchar música, preparar unos platos deliciosos, aprovechando pescados y mariscos fresquísimos que aquí se pueden encontrar prácticamente a la salida del barco, o simplemente descansando al sonido de la lluvia tropical a caer ininterrumpidamente durante horas.

También tuvimos oportunidad de emprender unos buenos paseos en bici por los alrededores donde encontramos un riachuelo lindo.  Ahí, debido a unas piedras que frenaban el correr del agua, el río formaba una especia de jacuzzi natural… Una maravilla!.

De Costa Rica nos llevamos algunas amistades para la vida y señaladas con banderas diferentes.  De Japón a Alemania, pasando por Inglaterra y Holanda y, por supuesto, los Ticos.

Muchas gracias a todos y hasta pronto.  Ojalá nos cumplan todos con la promesa que nos hicieron de visitarnos en Portugal y nos veamos en breve.

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