Otras histórias y otras anécdotas

Durante el viaje, muchos son los pormenores, los detalles, las historias y las hazañas que vamos viviendo. A pesar de que quedarán para siempre en nuestra memoria, la mayor parte será apenas eso, memorias que muy probablemente nunca compartiremos con nadie y, tal vez, por falta de oportunidad ni si quiera nosotros las recordaremos.

La mayor parte, a pesar de dignas de registro, no son fáciles de explicar con palabras y, por veces, ni con imágenes. Claro que Saramago o Octávio Paz, podrán discordar con esta afirmación, pero cada uno tendrá su talento, y el nuestro para la escritura es, tal vez, demasiado limitado para dar a estos episodios su verdadera dimensión.

La verdad, es que muchas veces tenemos pereza o el libro de anotaciones no está a la mano y allá se queda una anécdota más.

Pero una que solamente volará, tal cual mariposa, por entre nuestras memorias, esperando un momento cierto para posarse, con una ligereza que casi ni sentimos.  Si, es así que veo nuestra caja de memorias, como un mariposario donde las mariposas vuelan libremente y, por veces, se posan en nuestro hombro o en nuestra cabeza y casi ni las sentimos, pero alguien nos apunta que ahí está y con esa tan leve presión abren la caja de los recuerdos de donde salen más y más mariposas. Esto continuará pasando de esta manera y, ciertamente, no cambiará, pues por veces vencemos la inercia y, de alguna manera, encontramos alguna inspiración o simplemente ganas de compartir o recorda

r y allá sale una u otra historia. En este caso, iniciamos con dos historias verídicas que nos pasaron recientemente…

Un policía y una bolsa de fruta

La primera, pasó hace un par de semanas en Managua. Acabábamos de llegar a la capital de Nicaragua para intentar recuperar nuestro paquete que estaba retenido en Aduana y que, con un poco de ayuda de FEDEX, tan complicada fue recibir. Fueron un sinnúmero de viajes que hicimos entre las oficinas de FEDEX y la Aduana, y en lados totalmente opuestos de la ciudad.

Y, en una de las primeras veces, llenos de prisa y aun intentando el camino correcto en una ciudad desconocida, en plena hora pico, por lo visto, a los ojos de un agente de tránsito pudimos haber cometido algún tipo de infracción.

Le explicamos nuestra situación.  La necesidad de llegar rápidamente al mostrador de Fedex.  Ya estaba terminando el día y no deseábamos de ninguna manera pasar otra noche en Managua.  Que no había ninguna señal y que por eso no podríamos saber

que esa fila era solamente para dar vuelta a la izquierda…

El policía estaba inmutable y parecía imposible moverlo de su posición.  La multa ya estaba en camino y, en cuanto la escribía, nos explicaba que nos iba a retener la licencia y que deberíamos dirigirnos al banco más próximo donde pagaríamos la multa y, con el comprobante resultante de este pago, podríamos regresar para que el nos devolviera la licencia.

Nuestros pedidos de clemencia se volvieron más insistentes.  No queríamos de ninguna manera pagar la multa y, mucho menos, queríamos perder ese preciado tiempo que nos haría pernoctar en la ciudad.

Comienza a llover y creo que por acto divino, o porque así debía de ser, el agente bajo la guarda y nos preguntó, casi desesperado: “pero, entonces como pretenden resolver esto?”. Fue entonces en ese momento, que Sol, del otro lado del carro, levanta una bolsa con fruta.  (Una fruta rara, especie de erizo de mar, pero con picos suaves, roja por fuera y blanca y con hueso por dentro.  Deliciosa, a pesar de ser difícil de comer.  Las habíamos acabado de comprar a un vendedor en un semáforo, a quien solamente queríamos comprar aguacate, pero que insistió que probáramos también esta fruta que el garantizaba que nos iba a encantar.  Le llamó “mamón chino”.)  Levanta entonces Sol esta bolsa de fruta y le dice al seño policía: “bueno, tenemos aquí esta frutita que acabamos de comprar….” La autoridad ni siquiera la dejó terminar.  Desató una sonora carcajada y por la primera vez con una enorme sonrisa nos gritó: “Ya váyanse”.

Pintor desconocido

En Costa Rica, varias han sido las calles de terracería que hemos encontrado.  Amália Frida ha sufrido bastante, pobrecita.  Incluso donde nos garantizan que la calle ya está asfaltada, allá nos aparece un tramo de 20 km o 30 km cuyas máquinas y las intensiones de asfaltar están presentes, pero el vestido negro aún no está puesto.

En una de esas calles por pavimentar, de Playa Naranjo a Paquera, 26km de tierra y polvo, de subidas y bajadas, a pesar de no muy complicadas pero que en época de lluvia por veces se vuelven un poco difíciles – casi llegando a Paquera y ya casi de noche y, por lo tanto, comenzando a hacer planes para ver donde podríamos quedarnos a dormir (en esa noche acabamos por dormir en la estación de bomberos) – avistamos un señor caminando con su hijo por la calle.

Al vernos, nos pidió un aventón.

Normalmente no damos aventones, pero de alguna manera estas personas, de tan humildes nos dieron confianza y decidimos hacer una excepción.

El señor y su hijo eran albañiles.  Estaban construyendo una casa en donde los habían contratado y regresaban a su hogar.

La puerta de atrás de Amália, puerta corrediza, en nuestro caso, no tiene ventana. Para suplir esa falla, decidimos hacer esa “pared” nuestra pequeña galería y, además de fotografías de la familia, sobre todo de nuestros padres, tenemos una serigrafía de Dalí: “Muchacha en la Ventana”, que compramos hace unos años en el Museo Reina Sofía, en Madrid.

Además de ser uno de nuestros cuadros favoritos por la belleza y calma, substituye perfectamente la ventana inexistente, por lo que se volvió a nuestros ojos evidente que ese era el lugar perfecto para ella. Para aquellos que no conocen el cuadro, aquí la pueden apreciar al final de estas historias.  Verán que no tiene nada que ver con los cuadros más famosos de Dalí.  Es un cuadro simple y “normal”, sin ningúna de sus fantasiosas surrealistas.  Inclusive sin ningún reloj.

A pesar de eso, sin ninguna marca aparente o identificativa, pues la propia firma está cubierta con una de las

fotos que forman una especie de moldura alrededor del cuadro.  Incluso así, la primer pregunta que nos hizo el señor, después claro de las debidas presentaciones, fue: “Este cuadro, es de Dalí, verdad?”.

Muchacha en la ventana
Dalí, 1925

Tal vez sea demasiado “snob” de nuestra parte la sorpresa, pero no nos parece tan común que alguien reconozca este cuadro de Dalí, mucho menos en medio de esta avenida polvorienta, mucho menos una persona que trabaja en la construcción y que se describe diciendo: “Nací en Paquera y aquí voy a morir”.  Alguien agarrado firmemente a su tierra con un tan grande orgullo, incluso a pesar de en la mayor parte de los mapas ni aparecer.  Alguien que probablemente el viaje más largo que hizo fue al pueblo vecino a 50km de distancia.

Al final, era el también artista.  Adoraba pintar y dibujar y, en ese instante, nos mostró con orgullo su lápiz nº2 con el que se entretiene en tiempos libres.  Ahí estaba la explicación que, al contrario de apaciguarnos la sorpresa, aún más nos asombró.

Con pena tuvimos que dejarlo.  Su casa estaba ya ahí al frente, y nosotros aún teníamos que seguir unos kilómetros más.

Ya no tuvimos tiempo para que nos contara mas historias de su vida.  El también parecía con prisa.  Parecía que había estado fuera bastante parte de la semana y por eso quería regresar a casa para estar con la familia el tiempo que pudiese y quién sabe si bosquejar algún otro dibujo más.

Nosotros también aún teníamos algunos kilos de polvo más por delante, sacrificio que sería recompensado al final por la tan simpática recepción que tuvimos en Paquera.

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6 thoughts on “Otras histórias y otras anécdotas

  1. OLVIDE DECIRLES QUE ESTOY SIGUIENDO SU AVENTURA QUE ME FASCINA SIEMPRE QUISE ALGO IGUAL PERO NO PUDE,, POR DONDE ESTAN AHORA SI YA SALIERON DE COSTA RICA EVITEN SEGUIR POR EL CERRO DE LA MUERTE MEJOR POR LA COSTANERA Y CONECTAR CON LA ZONA SUR Y GOLFITO Y A PANAMA..BUEN VIAJE

  2. Hola soy Sixto Abarca el los mando al Parque de Barva / Heredia por donde estan me encantan sus historias de viaje porque tambien nos ayudan a traves de Ustedes a conocer nuestra America que Dios los guie y proteja como les mando las fotos que les tome a Frida en Heredia centro…saludes buen viaje los envidio pero de la buena ya que de joven siempre quise hacer algo como Ustedes pero ya no tengo 68 esto es para jovenes ademas que la Sra no me sigue,,,

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