San José, Costa Rica

Después de varias semanas sin contacto con la “civilización”, el regreso a una ciudad grande es paradójicamente, una bocanada de aire fresco.

Ya estamos hace tanto tiempo en carretera, que el tráfico y las banquetas llenas de gente caminando con prisa y con quien chocamos constantemente, son al mismo tiempo asustadores, pero también nostálgicos.  La ciudad, la confusión, las luces, los edificios altos, el teatro..

Por destino o por suerte, uno de los principales lugares a visitar en San José es la Plaza de Las Culturas, que además de ser una plaza bastante agradable, llena de palomas por todos lados a quien las personas alimentan, y la localización de varios museos, está también junto al Teatro Nacional.  Antes de ver la cartelera, ya habíamos decidido… hoy vamos al Teatro.  Fuimos entonces a ver la cartelera y reparamos que acabábamos de perder un pequeño tributo a Heitor Villalobos, pero que esa noche estaría en palco la obra “Pentadrama”. Listo!, Invitamos a nuestra anfitriona en San José, la súper simpática Tomoko y fuimos los 3 al teatro.

Tomoko es una súper interesante miembro de CouchSurfing, es japonesa, trabaja en la embajada y accedió a recibirnos en su casa un par de noches, que infelizmente no pudieron ser más porque tenía que salir de viaje para Bogotá donde iría a visitar unos amigos y asistir a un festival de cine.

Aún así, pudimos convivir un poco, ir al teatro y en la última noche preparar en conjunto una cena japonesa acompañada de unas entradas muy mediterráneas, a lo que no faltó el pan, queso y chorizo asado, con un vinito tinto.  Acabó por ser una mezcla bastante interesante de sabores, a pesar de la diferencia enorme en el gusto de cada una de las cosas.  En fin, una cena muy rica y una conversación bastante agradable.  Fue también muy interesante ver como se escribe en Japón, ya que puede ser de varias maneras diferentes, pues usan tanto uno de dos tipos de caracteres japoneses, como caracteres chinos, lo que es realmente una enorme confusión.  También supimos o confirmamos, que los japonenses escriben en columnas, de arriba para abajo, y que esas columnas se agrupan de derecha a izquierda, razón por la cual los libros se leen al contrario, o sea, lo que sería nuestra última página, es el lugar de la primer página en Japón, y por lo tanto la última es en realidad la primera.

Después de todas las experiencias por las que hemos pasado, nuestra visión sobre el mundo, sobre los pormenores, pero también sobre el panorama más general se fue alterando y, en este momento, sucede muchas veces que cuestionamos lo que muchas veces teníamos como verdades adquiridas.  Y, aprovechamos para discutirlas y analizarlas sobre otro prisma.  Muchas veces acabamos por llegar a las mismas conclusiones, bien por un camino más largo, pero, otras veces, sentimos que nuestra opinión sobre determinado acontecimiento, asunto o situación habría sido hace 6 meses atrás mucho muy diferentes a lo que opinamos en este momento.  Podemos casi comparar esta situación a unos cuantos pares de lentes.  Incluso alguien que ve bien, con un par de binóculos o un microscopio, por ejemplo, logra ver cosas que los otros nunca conseguirán a vista desarmada.  También, con unos lentes de sol o unos lentes de color amarillo o rojo, el mundo nos parece sobre perspectivas diferentes.  En este caso, sentimos que cada día y con cada experiencia compramos un lente de otro color o una graduación más fuerte para el microscopio y, por tanto, nuestra ventana para ver el mundo crece y podemos verla de diferentes colores, teniendo siempre muy presente que no hay un color correcto, pero sí colores diferentes.

La llegada a la Capital de Costa Rica, a pesar de, comparando por ejemplo con la Ciudad de México, no ser una megametrópoli, de alguna manera nos forzó a reflexionar sobre algunos asuntos que siempre estuvieron muy próximos, pero que raramente los abordamos.

Durante estos últimos meses, por muchos lados por donde andamos, conocemos e interactuamos con personas que tienen prácticamente el mínimo indispensable para vivir el día a día.  Viven de manera simple, pero honesta y de la tierra sacan prácticamente todo lo que necesitan.  No tienen lujos de ninguna manera.  De hecho, para algunos, como comentamos en historias anteriores, un lujo puede ser simplemente tener luz eléctrica.  Pero, podemos constatar constantemente que eso no es pobreza.  Lo que tienen es para ellos suficiente.  Viven felices, y su tranquilidad llega a ser incluso perturbadora.

Pero, la “ciudad” revela una situación diferente.  Aquí sí se ve pobreza.  Las calles se llenan de gente que extiende manos sucias y llenas de callos que claman por una moneda.  Esto sí que es pobreza.  Tal vez estas personas tengan incluso luz eléctrica, agua canalizada, tal vez hasta celular o televisión, no sé, porque no las conozco, pero al contrario de los anteriores, estos si son pobres, necesitan de ayuda diaria de extraños para comer.  Necesitan de diariamente pasar los días en la calle, lloviendo o con sol, pidiendo para comer, pues aquí no es posible bajar un coco de una palmera o lanzar un hilo al mar y sacar un pez.  Aquí la tierra ya no permite tales veleidades, por todos lados el concreto sustituye las palmeras y los árboles de fruto y el mar está a 100km.  Y aunque hubiera todo eso, la gente ya se olvidó como aprovechar la tierra…

La vida aquí corre más de prisa.  Toda la gente corriendo de un lado para otro.  Un hombre de traje pasa por un “punk”, o por la señora que sentada en una silla de ruedas pide su monedita junto a la catedral.  Ninguno repara en los otros.  Todos tienen prisa para llegar a algún lado.  Tal vez sea la lluvia que acabó de pasar.  El cielo esta gris, se aproxima la noche y la lluvia probablemente atrasó todo en la vida de esta gente.  Tal vez por eso corran aun más que lo de costumbre, quien sabe…

Para terminar esta nota citadina, una pequeña descripción sobre el lugar que nos acogió.  Dormimos en un departamento de un 8vo. Piso, en una cama de verdad y tomamos baño de agua CALIENTE… AGUA CALIENTE!!! Ya no nos acordábamos como es delicioso tomar baño de agua caliente.. Como es extraño dar tanto valor a algo que tomábamos como un hecho adquirido.  Pero, sobre todo aquí en San José donde el calor ya no es tanto, un baño de agua caliente es, realmente, una delicia.

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