Playa Organos y Isla Tortuga

Después de varios días por las playas de la Península de Nicoya, era hora de partir.

Aconsejados por Minor, el bombero que presentamos en un post anterior, buscamos la Playa Órganos.

Esta playa, normalmente dedicada a los locales y fuera de las rutas turísticas, en época baja está completamente desierta, aun más que todas las que ya hablamos anteriormente.   Encontramos una bahía de cerca de 4 km en donde solamente existen 3 casas.  Una de un pescador, la otra es una pequeña tiendita y la tercera renta baños y regaderas.

No hay luz eléctrica en este lugar, por lo que a partir de las 6 de la tarde todo se hace a la luz de las velas, así que la noche es totalmente para descansar.

Estas personas viven aquí hace mas de 50 años.  El terreno ni siquiera es de ellas, pero por una especie de derechos adquiridos por el tiempo que llevan ahí viviendo, ya no los pueden expulsar de su lugar, pero tampoco los dejan “modernizar” sus sencillas casas de madera y palma.

Pero, con la falta de todo lo que normalmente consideramos indispensable para vivir, esta gente es feliz y tranquila.  No es que su vida sea fácil, por el contrario, se dedican a la agricultura y a la pesca.  Entonces tienen que dividir su tiempo entre preparar su huerta y para ir al mar, de donde viene su subsistencia, e incluso soportar a los turistas que, de alguna manera, son una fuente de ingreso extra.  Pero no ansían el nuevo Iphone o el auto mas potente.   Simplemente rezan para que la próxima cosecha sea buena y para que el mar los continúe a proveer.

Aquí pudimos acampar justo junto al mar… Amália Frida prácticamente tuvo oportunidad de mojar los pies.

En la noche, en un pequeño paseo por la playa, después de comer un rico pez aguja frito (cortesía de la Sra. Rocío) y una ensalada, inesperadamente nos encontramos con una tortuga mas a continuar su ciclo de vida.

En el siguiente día, fuimos con el Sr. Fito hasta la Isla Tortuga, una isla de arena blanca justo en frente a Playa Órganos.  Esta isla, a pesar de solamente tener una playa, es bastante turística y, es normal que lleguen barcos de toda la península con turistas que vienen a pasar el día y snorkelear.  Llegamos temprano y por algún tiempo la playa fue solo para nosotros.   Mas tarde llegó un barco con algunos turistas, mas el sosiego se mantuvo… lujos de época baja.

El camino de regreso nos reservó una sorpresa.   Anclamos junto a unas rocas para snorkelear y aprovechar para sacar una ostras.  Bueno, la parte de las ostras fue por parte del Sr. Fitto, claro.  A nosotros nos tocó ver una inmensidad de peces de todos los colores y tamaños, espectáculo que culminó con la presencia de una ballena con su cría que pasaron frente de nosotros lentamente.

Pero ni todo es perfecto en este mundo y, viajar en época de lluvias tiene un grande y enorme inconveniente: los mosquitos.  Y, si por todos lados hemos sido devorados por estas criaturas, en ningún lado vimos tantos de estos insectos como en este lugar.  La pobre de Sol ya no tiene mas donde ser picada…

Bien, nos despedimos de la playa y seguimos rumbo a la capital.

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