Peninsula de Nicoya, Costa Rica

Paquera, Playa Pochote y Tambor

Aqui la vida corre aun mas despacio.
Tal vez, porque aquí el tiempo no es un bien tan precioso como en otras partes del mundo.
De hecho, esta zona es considerada, al igual que solamente otras 3 regiones del mundo, como una Zona Azul guardián de los secretos de la longevidad, ya que son bastantes los “jovenes” que, en estas tierras, completan mas de 100 primaveras. Fenómeno que ha atraído para la región a ancianos de otros países, sobre todo gringos, claro, en busca de la fuente de la eterna juventud.
En camino a Playa Moctezuma, encontramos la Playa Tambor y la Playa Pochote, donde decidimos pasar unos dias.
De nuevo encontramos un lugarprivilegiado y no pudimos dejar de disfrutarlo. Una bahía enorme que, al contrario de lo que aconteció en el Lago Nicaragua, donde era difícil creer que no estábamos en el mar, aquí es difícil pensar que no se trata de un lago, pues las olas practicamente no existen y y todo al rededor hay tierra, formando lo que parece ser una especie de laguna, pero que cuya entrada y salida es el Oceano Pacífico.
Antes de eso, pasamos por Paquera, donde mas tarde regresaremos para tomar el Ferry que nos llevará a Punta Arenas y de ahí seguiremos rumbo al sudeste de Costa Rica.
Ya nos quedamos a dormir en muchos lugares: estacionados en estacionamientos de restaurantes o de hoteles, en playas desiertas o en las faldas de un volcán, en campos de futbol o en casa de algunas personas que gentilmente nos cedieron su baño y un espacio en su terreno para nuestra Frida. Pero, en este lugar, tuvimos una recepción especial… nos quedamos instalados con los Bomberos de Paquera que a través del Sr. Minor, ciertamente una de las personas más amables de todas las que fuimos conociendo en este viaje, nos permitió instalarnos junto a sus camiones (que, a pesar de enormes, musculados y cromados, no fueron suficientes para que Amália Frida se dejara impresionar).
Estaoms en el pico de la época baja en toda América Central, pero si en otros países ya no era tan común encontrar turistas, tendencia que ha venido a acentuarse a medida que seguimos cada vez mas rumbo al sur, en Costa Rica, podemos decir que aun no vimos absolutamente ningun turista extranjero.
Aquí en Playa Pochote, seún nos dicen los locales, a partir de Diciembre no hay lugar siquiera para estar en la playa (esta playa tiene 7 km de extensión), pero en este momento, parece que estamos en una isla desierta.
Son meses de completo abandono, paz y tranquilidad.
Sí, por un lado, normalmente es simpático compartir con otros viajantes las aventuras del viaje, asi como informarse con los que vienen en sentido contrario sobre lo que vieron, por donde pasaron y qué es lo que recomienda, por otro, esta especie de “soledad viajera” es también muy agradable y sobre todo refrescante.
Primero, porque todo es más barato, desde el alojamiento y restaurantes (aunque en realidad estos no son propiamente un problema para nosotros), hasta las compras del dia a dia, que como ejemplo de eso son los cocos que nos dejan coger directamente de las palmeras y beberlos o comerlos sin cualquier costo.
En segundo lugar, la gente local tiene tiempo para todo y, por lo tanto, somos recibidos con cariño y, siempre, sin prisa. Comprar un tomate implica una conversación de media hora, que puede ser sobre como cultivan los tomates, pero también sobre futbol, sobre pesca o hasta sobre la vecina de a lado, que muchas veces le deben quedas las orejas hirviendo. Y, por ejemplo, que un tour de 1 o 2 horas, frecuentemente se transforma en lo doble o, si rentar un kayak podría cosstar USD$5 por hora durante la época alta, ahora podemos usar el kayak todo el dia, por los mismos USD$5.
En último lugar, la posibilidad de compartir con la Naturaleza su pureza. Dormir arrullados por el murmurar de las olas sin cualquier otro ruído que no sea el de las cigarras, de los changos o de los pájaros. Caminar por las playas o por la selva durante horas sin encontrar una alma que seja, o cuando mucho, un casi ermitaño que en medio de la nada cuida una siempra de plátanos o de cańa de azúcar. O, simplemente snorkelear por ahí, donde el agua nos parezca mas transparente, o parar en una catarata donde podamos tomar un baño refrescante.
Por donde vamos pasando, procuramos comprar productos locales, por lo que las frutas, verduras, huevos e inclusive algunas veces gallina y carne, son compradas directamente en las casas de las personas, en medio de la carretera. Por ejemplo, al pasar por alguna casa donde veamos gallinas pasear, paramos y preguntamos si no nos venden unos huevitos, a lo que sigue la siguiente pregunta: “… y qué mas vende? No tendrá también tomate, o lechuga, o yuca, o pan de plátano, o..”
A los huevos caseor, por estos lados, les llamas “huevos de amor” y son deliciosos.
Continuamos junto al mar, por lo que las carnicerías continúan a ser muy poco frecuentadas por nosotros. La carne del dia continúa a ser la langosta, o pargo, robalo o dorado. Y siempre que podemos, asados a las brasas. Ultima receta: langosta asada con mantequilla y ajo, acompañada de una ensalada de tomate, cebolla y chiltoma (pimiento morrón) y un plato de yuca… delicioso.
Nuestra mas reciente adquisición: aceite de coco hecho en casa… Ahora, todo gana un sabor diferente. Hasta las palomitas llevan el sabor a caribe 🙂

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