Crónica de un Viaje Anunciado

La pregunta que mas nos han hecho y que continuan a hacernos casi todos los dias es “Cuando comienzan el viaje?”.

Pues, para nosotros el viaje ya comenzó.   Comenzó hace 9 años cuando nos conocimos, recomenzó hace 4 años cuando nos reencontramos y continuó cada vez más intenso, cuando decidimos que deberíamos seguir nuestro sueño y simplemente hacer lo que más placer nos dá… viajar.

Aprovecho para contarles como nació esta idea:

Fue exactamente el dia 1 de Enero de 2012.  Mis papás habían viajado hasta México para pasar Navidad.  Después de 2 semanas maravillosas en que pude ver a mis papas y juntar toda la familia mexicana y portuguesa en una fiesta de Navidad que creo nos deja con momentos que recordamos con nostalgia,  fuimos a pasear hasta la playa y, aprovechamos para pasar el fin de año en Huatulco, Oaxaca.

El viaje (bastante largo para estándares postugueses, basta decir que podíamos haber atravesado prácticamente todo Portugal de Norte a Sur y regresar) es de 12 horas, de las cuales las ultimas 6 sirven para hacer solamente 200 km, por eso imaginen las curvas.

El clima estaba fenomenal, 35º en pleno invierno y sin una nube a la vista.  El único pesar era que las vacaciones ya estaban terminando y el regreso a la cruda realidad ya se vislumbraba demasiado cerca para ser verdad. Como en todas las vacaciones, siempre buscamos la manera de que las mismas nunca terminen.  Cuantas veces, cada uno de nosotros no pensó AL final de una semana de vacaciones “… y si montáramos una cabaña en la playa y viviéramos aquí para siempre…?”, “… y si montáramos un pequeño restaurante o bar…?”. Claro que estas pequeñas alucinadiones ya nos habían pasado también a nosotros por la mente en otros viajes anteriores.

O, en aquel “pueblito” mágico que nos encantó en un fin se semana largo cualquier, en que nos arriesgábamos a buscar los encantos mágicos que existen en este México inmenso.  O, en un Cayo perdido en Belice, en uno de los más fantásticos viajes que hicimos juntos y que, sería una de las motivaciones para decir que si a este viaje.  O, en nuestra luna de miel en Chile, donde conocimos tanta gente interesante y vimos paisajes paradisíacos, aún desnudos del toque humano y, al mismo tiempo, tan agrestes y simples que nos dejaron tantas veces en silencio, simplemente a contemplarlas, sin necesidad de cualquier explicación o comentario. En cualquiera de estos momentos, pensábamos en como nos podíamos escapar de la rutina diaria que nos estaba corriendo por dentro y que, solamente nos dejaba respirar unas pocas veces al año cuando nos deparaba una oportunidad más de un viaje.

Pero esta vez, el click fue tal vez más fuerte y, parece que no nos quedamos simplemente con las palabras.

En esa altura, por razones profesionales, había una posibilidad de regresar a Portugal.  Eso significaba que, regresando al Viejo Continente deberíamos dejar atrás América.

Los sentimientos se confunden cuando se prepara una mudanza de este tipo.   La alegría de regresar con la familia y amigos de toda la vida, se mezcla inmediatamente con la tristeza y la nostalgia que luego, luego, mismo antes de partir, se comienza a entrañar.   La mente no te deja olvidar ni un minuto de los amigos y de la familia que irán quedando de este lado… muchos de ellos, sabes que nunca volverás a ver, pero sabes también que nunca olvidarás los momentos mágicos que con ellos viviste y compartiste y que siempre recordarás con tanto cariño.

Así, con toda esa amalgama de emociones, con un futuro por decidir, en vez de incorporar la desgracia, preferimos ver la oportunidad, la oportunidad de realizar un sueño, la oportunidad de VIVIR.

En ese “fatídico” primer dia de este año, algunas palabras nos cambiaron la vida:

Una señora llamada Isabel Allende, escribió, creo que en la década de los 90, un libro llamado Paula.   En ese libro, casi a manera de una carta de 200 páginas, narra a su hija, que se encontraba en coma, la historia de su vida.   Una vida fantástica, llena de viajes y desventuras, muchas veces atravesada por complicaciones difíciles de ultrapasar, pero que nos remeten a lugares increíbles, a personas aun más fantásticas y a destinos que nos llenan de envídia (claro, de la buena).

Y, recuerdo que fue exactamente un pasaje que cito en seguida, que desencadenó todo esto:

“La Paz es una ciudad extraordinaria, tan cerca del cielo y con el aire tan delgado que se pueden ver los ángeles al amanecer, el corazón está siempre a punto de reventar y la vista se pierde en la pureza agobiadora de sus paisajes. Cadenas de montañas y cerros morados, rocas y pincelazos de tierra en tonos de azafrán, púrpura y bermellón, rodean la hondonada donde se extiende esa ciudad de contrastes.

Recuerdo calles estrechas subiendo y bajando como serpentinas, comercios míseros, buses destartalados, indios vestidos de lanas multicolores masticando eternamente una bola de hojas de coca con los dientes verdes. Centenares de iglesias con sus campanarios y sus patios donde se sentaban las indias a vender yucas secas y maíz morado junto a fetos disecados de llamas para emplastos de buena salud, mientras espantaban moscas y amamantaban a sus hijos.”

Y, en ese momento me di cuenta que había tanto que yo quería hacer, tantos lugares que quería visitar y conocer y que, simplemente, estaba dejando todo esto atrás y me pregunté con qué objetivo? y, no obtuve respuesta.  Los únicos pensamientos que tuve fueron que quería conocer  Bolivia, quería ir a Machu Pichu, quería ver Cartagena y llegar a Iguazú.   Quería pasar por la Amazónia, atravesar el Ecuador y Nicaragua.  Ver el Canal de Panamá…  Quiero volver a comer yuca y a mascar coca… Quiero ver “los angeles al amanecer”…

En ese preciso momento, sin pensar, me volví para Sol y le dije:

– Y si hiciéramos un viaje de aquí hasta Brasil?

Pensé que me iba a decir que estaba loco, o que iba a inventar mil problemas y, simplemente pedirme que volviera a la razón y que me quitara de la cabeza esta idea loca provocada, quien sabe, por demasiado descanso o por una insolación intensa.  Pero su respuesta fue inmediata y con una sonrisa enorme y sincera, en un milésimo de segundo, en un grito casi mudo me dijo:

– Siiiiiiiiii

Ooops. Que fui a decir? Ahora, ya no me podía retractar, ni echarme para atrás.  Ahora debía aguantar las consecuencias de lo que había dicho y lo asumí como un Hombre 🙂

Siguió una muy breve conversación que definiría nuestro futuro más próximo:

– Y, como vamos?

– De mochilero.

– Tuve una mejor idea, y si fueramos de vocho?

– No, vocho no. Mejor vamos de combi.

– Orales, ya estamos.

Y, así mas o menos locos (el destino lo dirá) decidimos cambiar completamente nuestra vida y atrevernos a completar este viaje de quien sabe cuanto tiempo y cuantos millares de kilómetros.   Después de esta conversación siguieron unos minutos de silencio entre los dos, simplemente a disfrutar el atardecer con una puesta de sol fantástica sobre un Oceáno Pacífico que esa tarde se vistió de 3000 mil tonos de naranja para recibir nuestra decisión.

La emoción de la aventura se apoderó de nosotros.  Ya no podiamos pensar en otra cosa.   Esto era lo que siempre quisimos y nunca pensamos tener el coraje de concretizar.  Pero ya estábamos decididos, mismo sin tener la mínima idea de como concretizarlo.  La única certeza era que la decisión era irrevocable y que de una manera u otra, deberíamos hacer que nuestro sueño se volviera realidad.

Y así se inició la búsqueda, las preguntas, las dudas, los recelos, las emociones.

– Donde vamos a conseguir la combi?

– Cuántos kilómetros serán?

– Cuánto tiempo vamos a viajar?

– Como vamos a avisar a nuestras familias?

– SEREMOS CAPACES?

.

Ahora, mas de 6 meses después de haber decidido avanzar, estamos ya en viaje.  Abandonamos la Ciudad de México hace casi 2 meses.  Dejamos nuestro apartamento y pasamos a acambar en una tienda en la terraza de la casa de nuestros amigos Navarro (la manera como nos conocimos, es también una super historia que retrata exactamente lo que pretendemos de este viaje, conocer personas tan diferentes, pero tan interesantes y sobre todo tan buenas y generosas… pero, esa historia queda para otro dia), esto hasta el día en que pudimos restaurar el interior de Amália Frida y a partir de ahí, hace cerca de 2 semanas que ya estamos viviendo dentro de nuestra nueva casa.

Por eso respondemos que para nosotros el viaje ya comenzó hace mucho tiempo.

Hoy, todo es diferente para nosotros.  Dormimos en el techo de una combi.  El agua caliente para tomar baño proviene de nuestra regadera portátil solar, esto cuando tenemos acceso al agua para poder llenar la bolsa.  Hemos trabajado más duro que nunca en estos ultimos 2 meses.  Pasamos los dias untados con aceite de motor, con tierra y polvo, aserrín o raspados con metal… Nos duelen las manos, los brazos y las espaldas, pues entre bajar y subir el motor, limpiar piezas, apretar y desapretar tornillos de todos los colores, tamaños y estilos, cortar , doblar y pulir fierros y maderas, poco ha sido el tiempo para descansar… Y, mismo así, nos invade un sentimiento de paz y alegría, estamos felices y cada día con más certeza de que tomamos la decisión correcta.

Claro que estamos ansiosos por volver a la carretera.  Queremos comenzar a hacer lo que nos propusimos.  Queremos conocer nuevos lugares, nuevas personas, recorrer kilómetros, comenzar a contar cuentos.

Ya casi todo está listo, pero los últimos detalles nos han retrasado un poco la partida.  Hay siempre una pieza que no existe en stock y que tenemos que buscar por toda la ciudad, o esperar a que la traigan de otros lugares.

Además de los grandes amigos que ya teníamos aquí en Guadalajara, tuvimos el privilegio de hacer nuevas amistades con personas con un corazón de oro que nos han ayudado a conseguir nuestros objetivos y sin las cuales no sería posible llegar donde estamos hoy.  Los que ya nos conocían nos recibieron de brazos abiertos y los nuevos amigos que fuimos conociendo, nos abrieron su corazón y algunos inclusive su casa, poniendo su confianza en 2 locos desconocidos que simplemente los invitaron a participar y a ayudar un proyecto de un viaje por toda América Latina en una combi azul… Tan bien nos recibieron, pero creo que en este momento ya desean que nos vayamos, porque imagínense, ya nos organizaron 3 fiestas de despedida y, mismo así, aun no han conseguido librarse de nosotros.

Pero, descansen, prometemos en breve partir.

Este texto es dedicado a todos los que tanto nos han ayudado y cuyos nombres no nos cansamos de referir.

Muchas Gracias Adriana, Arturo, Pilar, Álvaro, Alejandro, Elia, Caro, Ale, Efrain, Miroslava, Brisa, Carlos, Gera, Miguel, Ale.   Muchas Gracias.

Pero, encima de todos hay 4 personas a quien tenemos mucho que agradecer.  Fueron las primeras personas con quien compartimos nuestro deseo de emprender esta aventura.  Y desde el primer minuto nos han dado fuerza suficiente para  continuar adelante y ultrapasar las adversidades.   Sus nombre son: Lúcia e Rosário, David e Constantino.   Son nuestros padres y nuestros mejores amigaos.   Son nuestra inspiración.  MUCHAS GRACIAS!!!

2 thoughts on “Crónica de un Viaje Anunciado

    • Hola amigos,
      Estamos aquí en San Luis… últimos días con la familia y seguimos viajando…
      Esperamos que todo esté bien también con ustedes… Ya tienen más clientes combi o somos todavía únicos? 🙂
      Un abrazo,
      João y Sol

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